martes, 9 de abril de 2013

Carta abierta a José Luis Sampedro

Ha muerto José Luis Sampedro. Escritor, economista, humanista, maestro de enseñanzas y de valores, ejemplo sin pretenderlo. Ha muerto José Luis Sampedro y, durante toda la mañana, llevan pasando por mi cabeza, sin descanso, las obras que me emocionaron, las entrevistas que me cautivaron, las frases que me motivaron. Y pienso que, después de todo, aunque él no esté, nos deja un legado inmenso, de un valor incalculable, para nosotros y para las generaciones futuras. Una herencia que hará que perviva la altura intelectual y el compromiso ético del maestro Sampedro que, en su prolífica vida, se asomó a nuestra provincia, la vivió, la sintió y se la contó al mundo como sólo él sabía hacer.

El río que nos lleva. Ese fue su regalo a nuestra provincia, su homenaje a la gente humilde de nuestra tierra, a nuestras tradiciones y valores. Un río que llevó la historia de los gancheros a latitudes jamás pensadas y que mejoró la autoestima colectiva de quienes viven en los lugares por los que pasa. Un río de prosa asombrosa en el que es fácil sumergirse porque es rico en cultura y en moral. Como la vida del maestro Sampedro, al que nunca le importó nadar contracorriente.

José Luis Sampedro no era de los que se dejan llevar. A lo largo de su vida supo siempre cuál era su lado: el de los seres humanos. Se empeñó en humanizar la economía, en ponerla al servicio de las personas, se posicionó contra los recortes, defendió que la democracia necesitaba que le transfundieran más dosis de democracia y jamás perdió la esperanza de construir Otro Mundo Posible. José Luis Sampedro, que a lo largo de sus 96 años de vida recibió todo tipo de homenajes y distinciones, hizo gala de su humildad hasta el último día. Hace sólo unas semanas, le envié una carta para comunicarle el privilegio que supondría para Azuqueca que aceptase contar con una calle en nuestro municipio. Lo aceptó sin dudarlo. Amaya Delgado nos trasladó el agradecimiento del maestro y se puso a disposición de Azuqueca y sus gentes. Hoy, tristes por su marcha, nos queda el consuelo de saber que la Azuqueca del futuro se vertebrará en torno a la avenida José Luis Sampedro. Ojalá también en torno a sus valores.

El río por el que Sampedro nadó a contracorriente sólo ha podido llevárselo a sus 96 años y, al hacerlo, se ha cargado de su compromiso ético y de su altura intelectual. Bañarse en ese río, sumergirse en el legado del maestro, es hacerlo en conocimiento honesto y en humanismo solidario. Descanse en paz.

Pablo Bellido Acevedo