jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Para qué la política?

A lo largo de la historia del pensamiento, muchos autores y autoras –Cicerón, Webber, Habermas o Arendt- han reflexionado mucho acerca del significado de la 'política'. Sin entrar en planteamientos filosóficos, ni descender a detalles que hoy no vienen a cuento, quiero hablar no del qué de la política sino del para qué la política. Lo hago para volver a reivindicar que para mí lo fundamental de la política no es la lucha por el poder o por el control del mismo, ni una discusión retórica donde autoafirmarse sin resolver nada (y menos aún como el arte de hacer la mejor frase o escribir el mejor tuit) sino la herramienta que sirve para transformar la realidad de acuerdo con unos valores. Por tanto, mi concepción relativista sobre la utilidad de la política, alejada de cualquier dogmatismo, contrasta con la visión de Podemos que, sustentándose en criterios absolutos, simplifica la discusión y reduce todo a una relación buenos-malos, siendo los primeros ellos mismos y quienes les aplauden y los malos, el resto del mundo.

En los últimos días he recibido algunos mensajes y comentarios sobre el voto que emitimos en la investidura de Rajoy. Quisiera aprovechar estas líneas para dirigirme a los que dicen sentirse defraudados y militan o son votantes de Podemos e IU (para los votantes del PSOE ya he escrito algún que otro artículo y deseo seguir hablando con los militantes cara a cara, incluso con los que utilizan las redes sociales para criticarme o intentar ofenderme, que son pocos. Como dije, sigo practicando la máxima de no contribuir al desgaste interno de mi partido).

El pasado sábado votamos abstención siguiendo la línea marcada por el Comité Federal del Partido Socialista, en coherencia al compromiso del PSOE con los electores para evitar la celebración de unas terceras elecciones. Por ello no voté creyéndome ni más ni mejor que quienes en mi partido tomaron esta difícil decisión. Ahora, desde la oposición que es donde nos pusieron los ciudadanos, trabajaremos para combatir la creciente desigualdad y deshacer todas las medidas de Rajoy que han dañado seriamente nuestro estado del bienestar y nuestras libertades. Siempre he pensado de esta manera y lo he defendido con respeto al resto de opiniones.

Aunque no nos guste, la realidad es que el conjunto de la izquierda ha perdido peso en el Congreso de forma notable. Una alternativa  razonable al PP –que creció en escaños en las elecciones de junio- pasaba por la fórmula PSOE-Podemos-Ciudadanos, pedida incluso por rostros destacados de la sociedadcivil y que fue frustrada por los vetos mutuos entre ambas formaciones. Lo que los socialistas no estábamos dispuestos a hacer es entregarnos a las tesis nacionalistas e independentistas ni a la corrupta derecha catalana del 3%. Por mucho que quiera hacernos creer Podemos que esta derecha es menos derecha y menos corrupta.

Esta explicación no cabe en un tuit pero la realidad es que unas terceras elecciones –que el PSOE ha rechazado una y otra vez después de hacer lo imposible por evitar las segundas- no nos conducían a menos PP sino a más PP. Nos llevarían a que Rajoy y una mayoría más abultada en el Congreso de la derecha hiciera imposible nuestra voluntad de transformar la realidad mediante políticas que ahora sí estamos en condiciones de aprobar. La prueba es clara: Rajoy sabe que vamos a derribar la LOMCE y prueba de ello es el anuncio de retirada de reválidas. O mejor aún ¿Cómo acabar con las prácticas del fracking o una política de trasvases que arruina a mi provincia y deteriora su naturaleza? ¿Con un PP sin mayoría en el Congreso o con un PP con poder absoluto? Todo el mundo sabía que teníamos que elegir a un PP débil ahora o un PP fuerte tras las terceras elecciones.

Podemos critica ahora con dureza que el PSOE haya desbloqueado esta situación –ellos pudieron desbloquearla en marzo con un gobierno progresista-. Saben que una nueva convocatoria electoral no les daría más posibilidades, pero necesitan un PP fuerte para poder seguir denunciando sus políticas, que no combatiéndolas. Quieren cambiar el sistema que ellos denominan 'Régimen del 78' y pretenden deslegitimarlo conduciéndonos a convocatorias electorales que, lejos de resolver los problemas o variar la realidad, hacen más profunda la desafección ciudadana hacia nuestra joven democracia.

Veo  cosas interesantes en Podemos en materia de regeneración democrática. Estamos cerca, también, en la lucha contra la desigualdad, en la defensa de la sanidad y educación, y en muchas cuestiones que tienen que ver con el gasto social pero es evidente que algunos dirigentes suyos destilan un enorme odio al PSOE. Más que antibipartidistas son bipartidistas en un sistema en el que lo que verdaderamente quieren es ocupar el lugar del PSOE.

La decisión que ha tomado el PSOE es muy dolorosa y difícil de explicar en un momento tan delicado, con una sociedad machacada por los efectos de las políticas del PP y decepcionada con las instituciones. Hemos tenido que optar por hacer un sacrificio como partido para que no lo haya tenido que hacer nuestro país. Hemos decidido no contribuir lo más mínimo al desgaste de nuestro sistema que, por otro lado, queremos mejorar. Seguimos creyendo en la política como herramienta transformadora y vamos a utilizarla en el Congreso con un PP débil, sin renunciar a ninguno de nuestros principios. Y en este contexto reitero mi compromiso desde el escaño, como lo he hecho desde mis responsabilidades anteriores y también desde la calle con la idea de que debemos construir un mundo más justo y solidario. Espero que Podemos también se ponga a trabajar, y que en ese trabajo en favor de la gente podamos llegar a acuerdos.