miércoles, 26 de julio de 2017

El PP hace todo lo que puede para que su corrupción no se investigue

El desprestigio de la política procede de la mentira, de la falta de transparencia, de la no explicación de las decisiones y sobre todo de la corrupción. Cierto es que ésta puede suceder en todos los partidos porque, en ocasiones, depende de la voluntad individual de cada persona y no es fácil controlar a todos y cada uno de los políticos que tienen responsabilidades institucionales. En cualquier caso la corrupción es injustificable y asquerosa. Pero una corrupción como la que ha tenido el Partido Popular -la que ya está probada y por ello no me refiero a la presunta que se está juzgando o se juzgará próximamente- no puede compararse con casos aislados de personas individuales que han decepcionado la confianza que la ciudadanía y su partido le ha prestado. 

En el PP, por lo que hoy ya sabemos de manera incontrovertible, la corrupción ha sido algo sistémico, sostenida en el tiempo -parece que durante tres décadas- y muy generalizada. Por supuesto que hay personas del Partido Popular absolutamente honradas y decentes como hay personas en otros partidos corruptas y miserables. Por eso me parece injusto acusar a todo un partido de lo que tiene responsables concretos, que son los que deben responder. En este caso son los dirigentes del PP que durante tantos años de corrupción sistémica y generalizada no pueden quedar impunes de un modelo de aprovechamiento de la política y de la confianza de la voluntad popular que la sostiene que no solo les ha servido a algunos para un enorme enriquecimiento personal, sino para disponer de una red permanente de financiación del partido aprovechando una cadena de favores, enjuagues y compadreos donde los contratos públicos se otorgaban a compinches que luego ayudaban al PP. 

Estas cosas están quedando acreditadas en los muchos procesos abiertos y, paradójicamente, los dirigentes que, como mínimo, han amparado y se han beneficiado de este modelo consiguen eludir su responsabilidad judicial y política, gracias a procesos dilatadísimos, muy desordenados y, en ocasiones, a la pérdida de pruebas. Decía Bertrand Russell "no creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terminan por salir a la luz ". No parece que sea así, al menos cuando se puede formatear un ordenador más de veinte veces y golpearlo con un martillo hasta hacerlo trizas. 

Un compromiso serio contra la corrupción es lo que debería unirnos a todos y todas, para dejar de amparar a quienes se sirven de la confianza de la ciudadanía para aprovecharse en beneficio propio. En este compromiso está faltado el PP, y creo que no por la voluntad de su mayoría de militantes y votantes honrados, sino por una minoría de dirigentes que, sencillamente, arrastran decenas de procesos penales que les impiden ser, en ese campo, la solución y no el problema. 

No le deseo ningún mal personal a Rajoy, ni al PP y tampoco a su gemelo en corrupción el PdCat (antigua CiU), pero cuesta trabajo encontrar una democracia en el mundo que sea tan incapaz de prevenirse y deshacerse de quien no cumple con unos estándares mínimos de rigor con el dinero público. Y no hablo de política, sino de justicia. La democracia no solo es cuestión de votos, sino también de leyes. Veremos qué cuenta Rajoy en la Audiencia. De momento lo que ya podemos asegurar es que en el Parlamento el PP es el único partido que hace todo lo posible porque no se investiguen los casos de corrupción que avergüenzan a los españoles.